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La entrevista

Miguel Sanz
En el año 2005, la asociación conocida popularmente en Cuevas de Ayllón como “la Peña” cumplía 15 años. Con motivo de esta efeméride, el Pregonero quiso entrevistarse con su actual presidente. Costó un poco: hubo que planificar fechas y ajustar calendarios, pero por fin se logró la convergencia de agendas. En fechas de Semana Santa, el Pregonero se presentó en casa de Félix y Mercedes, y allí encontró a Miguel Sanz, nuestro próximo entrevistado.

Pregonero: Preséntate
Miguel: Yo me llamo Miguel Ángel Sanz Pérez, tengo 34 años, nací en Madrid, y soy hijo de Félix y Mercedes. Ahora mismo ejerzo el cargo de presidente de la Asociación.

P: El año pasado la Asociación cumplió los 15 años desde su fundación. ¿En qué año cogiste el cargo? ¿Cuántos años llevas de presidente?
M: Llevo cuatro años con éste. Y este año hay elecciones otra vez.
P: ¿Son cada cuatro años?
M: No, cada dos. Cada dos años renovamos la Junta. Luego, yo llevo unos 15 años dentro de la Asociación, como fundador. Fui con mi padre a hacer todo el papeleo cuando se creó.

P:¿Cómo surgió la idea de la Asociación?
M: Fue de mi padre, de José y de Isidro, que fueron al día de la Comarca a Peralejos y decidieron traer unos gaiteros un año. Fueron casa por casa y entre todos se pagaba; me parece que eran 1.000 ptas. [unos 6 euros] por cada casa, para traer gaiteros y hacer un día de fiesta en verano. Y así empezó.
P: Cuando todavía no había asociación, no tenía nombre, no había papeles...
M: Sí. Eso fue el primer año, cuando empezó. Se pagaba, me parece que fueron 1.000 pesetas por casa y se trajeron los gaiteros; esos de Tarancueña, los que organizan lo del día de la Comarca, vinieron aquí. Y luego sí; luego ya se empezó a mover. Me parece que fue Felipe quien trajo unos estatutos de una asociación de Soria; se copiaron, se cambiaron los datos y a raíz de eso se fue al Burgo o a Soria, no me acuerdo... tengo los papeles por ahí donde está escrito. Además, ahora se han modificado los estatutos. Pero así empezó.

P: ¿Con cuántos socios empezó?
M: Más o menos vienen siendo... Es que al principio era por familia. Es decir, no era como ahora, que se paga por persona. El primer año, no sé si fueron uno o dos, no me acuerdo de cuántos años, se pagaba por familias. Luego, cuando ya se decidió crear la asociación, fue por persona. Yo me acuerdo de que le dije a mi padre que yo quería el número cien, y enseguida llegamos a los cien socios. Y andamos sobre los 140, 150... por ahí nos movemos. Entre ciento... sí, 140, 150 socios. Entre los que han fallecido, los que se dan de alta, los que se dan de baja...

P: ¿Te vas a volver a presentar al cargo?
M: De momento sí. De hecho, nosotros, es decir, no digo sólo yo, sino Javi, Itziar, que son ahora los de la Junta actual... de momento sabemos que el día que lo dejemos nosotros, se acabó. Vosotros, los jóvenes, no nos apoyáis ni seguís involucrándoos en esto.
P: A los jóvenes de Barcelona les pilla lejos.
M: De Barcelona ha habido gente participando y sigue habiendo gente participando.
P: En realidad, esto es independiente de la distancia, es querer o no querer...
M: Se puede estar en Barcelona y participar de una manera o de otra, igual que el que está en Madrid, o igual que el que está aquí. No hay colaboración por vuestra parte. Tendrías que colaborar un poco más.

P: ¿En los estatutos quedan reflejados los objetivos de la Asociación? ¿Qué se contempla?
M: Ahora mismo no me acuerdo. Ya te digo que se han cambiado ahora, y no los tengo yo; los tiene Itziar, que fue la que los llevó a Soria a sellar y no me acuerdo de lo que se había modificado. Pero vamos, lo que se intenta es dar un poco de ambiente en agosto y, luego, lo que se pueda sacar para el pueblo; sólo que estamos muy limitados porque con una cuota de socio de 12 euros al año, entre la música la comida y eso, prácticamente se va todo con la fiesta...
P: Sin embargo, también se ha hecho cine, se ha hecho el concurso de tortillas, se han hecho otras cosas...
M: Sí, bueno, como actividad cultural llevamos ya, me parece que son, tres años haciendo cine en verano, cosa que no se hacía antes. Y luego está lo de la finca, que empezamos, pero eso necesita mucho dinero. Si quieres hacer una pista de un futbito, o un frontón, o algo...
P: Es decir que hay en proyecto hacer una especie de polideportivo en una finca en las eras de atrás. E incluso se empezó a allanar...
M: Sí, y ya está allanado, en dos superficies, porque la idea era plantar unos árboles y poner unas mesas, y abajo hacer una pista para jugar al tenis, al baloncesto, o a lo que sea.
P: ¿Y no se ha continuado por falta de dinero?
M: Claro.

P: ¿Tenemos subvenciones de algún tipo?
M: Como asociación es muy difícil. Te dan alguna, pero los que más pueden conseguir son los ayuntamientos. Pero bueno, ahora mismo en Soria no está la cosa como para pedir subvenciones.
P: ¿Se ha probado alguna vez pedirlas?
M: Sí, dieron algunas para la música y para los gaiteros hace años; te daban una pequeña cantidad.
P: Es decir, que la Asociación se financia con las cuotas de los socios, la lotería y el bar. Esos son los tres pilares.
M: Sí. Y mientras la gente no colabore más, no se puede...
P: ¿Cuál crees que es el problema? ¿Por qué la gente no colabora?
M: Hay mucha gente que dice, ¡claro!, la Peña: la fiesta de agosto. Y nada más. Y no ves más. Pero es que la fiesta de agosto no es algo que aparezca por arte de magia. Hay que contratar una música, hay que preparar el bar, hay que llenar cámaras, hay que...
P: Lleva su trabajo...
M: Y luego hay otras cosas, como que el día de la fiesta, o ahora en mayo al llegar San Isidro, o ya el fin de semana anterior, el bar tiene que tener las cámaras llenas... No llega el Buquerín y te deja las cajas y las Coca-Colas se meten ellas solas en la cámara. Tenemos que ir, normalmente Javi y yo, y Yoli y Sagrario, que también nos ha ayudado, y alguno más que ha estado, a llenar las cámaras y esas cosas.

P: Cuéntanos un poco más cómo funciona la Asociación. ¿Cuánta gente forma la Junta?
M: En la Junta Directiva están el presidente, el vice-presidente, el tesorero, el secretario, y luego los vocales. No me acuerdo ahora mismo del número de vocales, pero hay bastantes. Vamos, que te lo piden los estatutos, que te obligan a que tengas un presidente, un vice-presidente, un tesorero, un secretario, y luego el número de vocales es libre. Incluso podrían ser vocales todos los socios.

P: ¿Ha cambiado la implicación de la gente? ¿Al principio se colaboraba más?
M: Sí, al principio la gente colaboraba más. Luego, poco a poco hubo movidas y rollos, y la cosa decayó...
P: ¿Habría alguna manera de incentivar esa colaboración?
M: El que quiere ya sabe donde estamos, porque la mayoría de la gente ha pasado por aquí; entonces, ya saben cómo funciona, y si quieren ayudar, ya saben cómo pueden ayudar. Es lo que os decía, nosotros sabemos que el día que nos cansemos nosotros, esto desaparece, porque los que venís detrás no os implicáis en esto. Cuando nosotros, Javi, Yoli, Itziar y yo, nos decidimos hace cuatro años fue porque sabíamos que si no, esto se acababa. Cada uno por un motivo: yo porque mi padre lo había fundado, Javi porque su padre estaba metido, y tal y cual... decidimos que continuara, porque si no sabíamos..., y ahora mismo sabemos, de hecho, que el día que nos cansemos, esto se acabó.

En ese momento llegaron a la casa Félix y Mercedes, los padres de Miguel, y el Pregonero aprovechó para dar un giro menos institucional y más familiar a la conversación.

P: ¿Cuál es tu relación con Cuevas de Ayllón?
M: Prácticamente me he criado aquí. Cuando era pequeño venía y me pasaba todo el verano aquí, como hacíamos todos. La mayoría de los de de mi edad veníamos en julio, y hasta septiembre, hasta últimos de septiembre, no nos íbamos a Madrid.

P: ¿Algún recuerdo concreto de la infancia? ¿Alguna rodilla descarnada?
M: Lo típico fue el año en que arreglaron las calles; fue cuando todos nos estrenábamos las rodillas porque antes las calles estaban de piedras y de arena y bajabas corriendo desde la plaza y no te pasaba nada, y ese primer año me acuerdo que todos íbamos con las rodillas y los codos colorados con la mercromina, que nos daban antes. También las excursiones en bicicleta por aquí: a Ayllón, a Liceras, a Montejo...
P: Con la mochila y a pasar el día...
M: Es que no había otra cosa. No es como ahora que siempre tienes a alguno que te baja en coche. Antes, si querías ir a Ayllón, la única manera era cogerte la bicicleta y bajarte a Ayllón. Yo he llegado a ir dos y tres veces en bici a Ayllón en un día. Bueno, también estaba la presa que hacía mis padres ahí en el río.
P: ¿Había más gente en el pueblo?
M: ¡Hombre!, en verano el pueblo estaba lleno. Sin embargo, ahora, cuando hay gente es durante una semana, si llega; o quince días, entre la fiesta y, a lo mejor, la semana de después, que es cuando la mayoría de gente intenta venir. Luego, ya después de eso, la gente empieza a irse...
P: Pero tú has seguido viniendo...
M: Yo, sí. De hecho, ahora vivo aquí.
P: ¿Cuánto llevas viviendo aquí?
M: Desde agosto del año pasado.
P: ¿Y qué tal? ¿Sienta bien el cambio?
M: No tiene nada que ver.
P: ¿No hechas nada de menos?
M: No, de momento, no. No hay estrés, no hay esas prisas que hay ahí en Madrid. Nada de eso. La vida ahí es totalmente distinta.
P: ¿Ni siquiera durante las primeras semanas?
M: Bueno, como era verano, te parecía que estabas de vacaciones...

Ahí dimos por terminada la entrevista de este madrileño-covacho implicado con el pueblo que ha vuelto a la tierra de sus orígenes para afincarse. En aquel momento aparecía Félix en la puerta y saludó. La tarde decaía ante la lumbre. La conversació se diluía. Miguel tenía que volverse a su casa y se despidió del Pregonero, quien le agradeció el tiempo dedicado a la entrevista. El Pregonero aún siguió un rato charlando con Félix sobre las campañas de espliego y otros temas. Pero esto será motivo de otra entrevista.

Miguel Sanz Pérez